Redacción
Aunque la comercialización de cigarrillos electrónicos y vapeadores está prohibida en México, estos dispositivos continúan circulando entre adolescentes y jóvenes, impulsados por la venta clandestina, el comercio en redes sociales y la percepción de que representan una alternativa menos dañina que el cigarro convencional.
Especialistas en salud pública advierten que esta idea carece de sustento científico.
Los vapeadores contienen sustancias que pueden afectar el sistema respiratorio y cardiovascular, además de generar dependencia a la nicotina cuando la incluyen en sus componentes.
A diferencia de lo que muchos consumidores creen, los aerosoles producidos por estos dispositivos no son únicamente vapor de agua.
Su composición puede incluir compuestos químicos, partículas ultrafinas, metales pesados y saborizantes cuyos efectos por exposición prolongada continúan siendo objeto de investigación.
