Redacción
Mientras miles de aficionados levantan la mirada para admirar los números retirados de las leyendas de Chicago, pocos saben que detrás de esos enormes estandartes existe el trabajo silencioso de una mexicana. Su nombre es María Estela Parra y, puntada a puntada, ha dejado su huella en la historia del deporte estadounidense.
La historia de Estela dio la vuelta al mundo en enero pasado, cuando los Chicago Bulls retiraron el número 1 de Derrick Rose. Un video proyectado en la arena mostró a la costurera confeccionando el histórico banner y, sin esperarlo, pasó de trabajar detrás de los reflectores a convertirse en protagonista de una noche inolvidable.
Un talento mexicano que conquistó Chicago
Originaria de Guadalajara, María Estela emigró siendo joven a Estados Unidos en busca de una mejor oportunidad. Tras recorrer distintos lugares encontró en Chicago un hogar y, aunque no sabía coser profesionalmente, aprendió el oficio desde cero hasta convertirlo en el trabajo de toda una vida.
Desde hace más de cuatro décadas forma parte del taller W.G.N. Flag & Decorating, donde ha participado en la elaboración de prácticamente todos los grandes estandartes deportivos de la ciudad. Por sus manos han pasado los números retirados de los Bulls, los campeonatos de la franquicia y trabajos para otros equipos de la ciudad como los White Sox, Bears y Blackhawks.
Los White Sox también reconocieron su legado
Este sábado justamente los Chicago White Sox invitaron a María Estela Parra a lanzar la primera bola durante la Mexican Heritage Night, celebrada en el Guaranteed Rate Field como parte de los festejos dedicados a la comunidad mexicana.
El homenaje tuvo un profundo simbolismo. Durante años, Estela también ha confeccionado banderas y estandartes para la organización de los White Sox, por lo que verla ahora sobre el diamante representó el reconocimiento a una mujer que ha ayudado a construir la identidad visual de varias de las franquicias más importantes de Chicago.
La historia de María Estela Parra demuestra que el talento mexicano no conoce fronteras. Sin buscar fama, ni protagonismo, una aguja, hilo y miles de horas de trabajo le bastaron para bordar parte de la historia del deporte estadounidense y convertirse, con orgullo, en un símbolo más de la comunidad mexicana que sigue dejando huella lejos de casa.
