Redacción
«Hemos nacido para caminar», expresó el obispo de la Diócesis de Querétaro, Fidencio López Plaza, al recibir a los miles de peregrinos que, tras recorrer durante 17 días el camino desde Querétaro hasta la Ciudad de México, llegaron este domingo a la Basílica de Guadalupe para concluir una de las manifestaciones de fe más numerosas del país.
La edición 136 de la Peregrinación de Querétaro al Tepeyac reunió a más de 68 mil 500 participantes, entre mujeres, hombres y ciclistas, y concluyó con saldo blanco, informó la Coordinación Estatal de Protección Civil de Querétaro (CEPCQ). De acuerdo con el organismo, arribaron al recinto guadalupano 28 mil 600 mujeres, 33 mil 400 hombres y 6 mil 500 ciclistas.
Desde temprana hora, la Calzada de los Misterios comenzó a llenarse de contingentes que avanzaban entre cantos, rezos, estandartes y expresiones de alegría. Conforme se acercaban a la Basílica, familiares y visitantes se sumaban para acompañar el último tramo del recorrido, mientras cientos de personas observaban el paso de los peregrinos.
La zona permaneció abarrotada durante toda la jornada. A un costado de la Calzada de Guadalupe, comerciantes ofrecían imágenes de la Virgen, rosarios, escapularios, veladoras, alimentos y bebidas, mientras decenas de familias permanecían en casas de campaña o buscaban un espacio para presenciar la llegada de los contingentes.
Sin embargo, el ambiente festivo dio paso al recogimiento al ingresar al atrio. Muchos peregrinos cargaban imágenes religiosas o fotografías de familiares; otros caminaban en silencio, conscientes de que estaban por culminar un recorrido que para muchos representa una promesa, una acción de gracias o una petición.
Frente al ayate de la Virgen de Guadalupe, las emociones se desbordaron. Hubo lágrimas, abrazos, oraciones, personas que se arrodillaron y otras que permanecieron varios minutos contemplando la imagen en silencio.
La misa de bienvenida, celebrada en la explanada de la Basílica, fue encabezada por el obispo Fidencio López Plaza, quien recordó el significado espiritual del recorrido y la historia de esta tradición queretana.
«Somos hermanos peregrinos», expresó al destacar que la peregrinación masculina cumplió 136 años, la femenina 64 y la de ciclistas 44.
Durante su homilía, el prelado llamó a los fieles a mantener vivo el aprendizaje del camino.
«Ustedes lo han notado en este camino de 17 días. Dios es el camino a seguir si queremos que reine la paz. Jesucristo es la verdad si queremos que reine la paz. Es la vida pacífica que se conquista en la tierra y se vive para siempre. Nuestro verdadero hogar es estar en las manos de Dios», afirmó.
Más adelante insistió en que la peregrinación no concluye con la llegada al Tepeyac, sino que continúa en la vida cotidiana.
«Somos hermanos, somos peregrinos. No podemos detenernos y nuestra meta es llegar a las manos de Dios nuestro Padre», señaló.
En uno de los momentos más emotivos de la celebración, Fidencio López Plaza evocó el mensaje de la Virgen de Guadalupe a San Juan Diego, recordando las palabras: «¿No estoy aquí yo que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra y resguardo? ¿No soy yo la fuente de tu alegría? ¿No estás en el hueco de mi manto? ¿Tienes necesidad de otra cosa?»
Para los miles de queretanos que emprendieron el recorrido desde sus comunidades, la llegada a la Basílica significó mucho más que el final de una caminata de 17 días: representó el cumplimiento de una promesa, el encuentro con su fe y la culminación de una tradición que, generación tras generación, sigue convocando a decenas de miles de personas.
Entre abrazos, fotografías, oraciones y lágrimas, los peregrinos comenzaron el regreso a casa, llevando consigo la experiencia de un camino que, como recordó el obispo, apenas continúa.
