La Copa del Mundo de 2026 no solo genera expectativa por lo deportivo, sino también por los elevados costos de acceso, que han abierto una brecha entre los aficionados tradicionales y las experiencias de lujo extremo que ofrecen hoteles y empresas especializadas.
Mientras los precios de boletos y consumos dentro de los estadios ya han sido motivo de polémica —con bebidas que alcanzan los 10 dólares o más—, el mercado de hospitalidad ha llevado la experiencia mundialista a un nivel completamente distinto.
En Nueva York, el hotel The Mark Hotel ofrece un paquete valuado en un millón de dólares que incluye cuatro noches en su penthouse para seis personas, con vista a Central Park, servicio de martinis y caviar, además de boletos para partidos y traslados en helicóptero.
En otras ciudades sede, las ofertas también alcanzan cifras millonarias o experiencias exclusivas. En Boston, una empresa privada ofrece traslados aéreos entre sedes por hasta 500,000 dólares, mientras que en Florida se comercializan fiestas en megayates con alimentos, bebidas y recorridos por la bahía desde 25,000 dólares por persona.
El hotel The St. Regis también participa en esta tendencia con paquetes de hasta casi 200,000 dólares, que incluyen recorridos por distintas ciudades estadounidenses, estadías de lujo y transporte en vehículos de alta gama como Bentley.
En el extremo más alto, en Boca Ratón se promociona una experiencia cercana al millón de dólares que incluye alojamiento cinco estrellas, servicio de mayordomo, acceso a entrenamientos de equipos, asientos en primera fila, experiencias de moda personalizadas y espectáculos privados diseñados exclusivamente para los clientes.
El fenómeno refleja cómo el Mundial se ha convertido no solo en el evento deportivo más importante del planeta, sino también en un mercado de turismo de lujo sin precedentes, donde la experiencia puede costar tanto como una vivienda de alto valor en algunas ciudades del mundo.
