Lo que comenzó como una de las apuestas más ambiciosas del gaming basado en blockchain terminó convertido en un ejemplo de desconfianza y pérdidas masivas. El videojuego Legacy logró recaudar cerca de 50 millones de dólares antes de su lanzamiento, pero hoy se encuentra prácticamente abandonado, dejando a miles de usuarios con inversiones perdidas.
Desarrollado por 22cans y respaldado por Gala Games, el título se promocionó como una revolución del modelo “jugar para ganar”, donde los usuarios podrían generar ingresos mediante la compra y gestión de activos digitales como terrenos virtuales.
Detrás del proyecto estaba Peter Molyneux, una figura histórica de la industria, creador de clásicos como Populous y la saga Fable. Sin embargo, su reputación también arrastra críticas por promesas que no siempre se concretan, algo que volvió a ponerse en evidencia con este lanzamiento.
El entusiasmo inicial se apoyó en antecedentes como Town Star, donde algunos jugadores reportaron ganancias significativas. Esto generó una ola de inversión especulativa en Legacy, con usuarios comprando NFTs por miles de dólares con la expectativa de replicar ese éxito.
Pero tras su estreno en 2023, la realidad fue muy distinta. El juego carecía de muchas de las funciones prometidas y su economía interna resultó altamente desfavorable para los jugadores: la empresa retenía hasta el 85% de las ganancias generadas. Testimonios de usuarios reflejan pérdidas severas, con inversiones de hasta 10,000 dólares que apenas recuperaron una fracción mínima.
Con el desplome del valor de los activos digitales y la caída del interés, el proyecto quedó prácticamente inactivo. Mientras tanto, el estudio ya ha puesto su atención en un nuevo título, Masters of Albion, que abandona por completo el modelo blockchain para regresar a un esquema tradicional en plataformas como Steam.
El caso de Legacy deja una lección clara en la industria: las promesas de riqueza rápida en el entorno de los NFTs pueden ser tan volátiles como el propio mercado. Para muchos jugadores, el proyecto no solo representó una mala inversión, sino también un golpe a la confianza en un modelo que, al menos por ahora, sigue sin consolidarse.
