Renace el Tiger que pensó que estaba acabado

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Fue hace dos años, dos noches antes del Masters, cuando todos los campeones del pasado ​​se reunieron en una cena para honrar al ganador del año anterior. Woods estaba allí, aunque esa semana no competiría porque su espalda no se lo permitía.

Woods contó exactamente cuán mal se sintió el miércoles por la noche en la cena de la Asociación de Escritores de Golf de América, donde le honraron con el Premio Ben Hogan, que se otorga a un jugador que sigue compitiendo a pesar de un problema físico o una enfermedad grave.

“Para poder acudir a la cena tuve que hacerme un bloqueo nervioso que me permitiera caminar y llegar hasta allí”, explicó Woods. “Ser parte del Masters y de la Cena de Campeones significó mucho para mí. No quería perdérmelo. Fue duro e incómodo”.

“Después de la cena, esa misma noche puse rumbo a Inglaterra para ver a un especialista. Me dijo que, por desgracia, la única manera para eliminar el dolor que sentía, el dolor en el que estaba viviendo, era hacerme la cirugía de fusión espinal. Así que decidí ir a ver al Dr. Richard Guyer en Texas y me operaron”.

El golf, confesó Woods, no estaba en su futuro cercano, “ni siquiera en un futuro lejano. Sabía que iba a ser parte del juego, pero no sabía si volvería a jugar. Ni siquiera podía jugar con mi hijo Charlie. Ni siquiera podía hacer un putt en mi patio”.

Unas semanas más tarde se sometió a la cirugía, pero en septiembre, su columna todavía no estaba completamente fusionada. Podía jugar al pitch and putt, pero eso era todo, hasta que finalmente le dieron el visto bueno para usar un driver. Y cuando lo tuvo en las manos…

“Digamos que con el primer driver hice unos 80 metros”, dijo.

Lanzó su primer driver en el No. 1 para comenzar sus primeros 290 metros del Masters y llegó a estar a solo un tiro del líder. Durante el trayecto, Tiger brilló más de lo que había brillado en Augusta en años, sobre todo en el hoyo 14.

Tras hacer un birdie en el 13, Woods lanzó su pelota en el 14 entre los árboles que se encontraban a la izquierda. Se enfrentó a un tiro de recuperación casi imposible, con un grupo de pinos entre él, el camino y la banderilla a 136 metros de distancia. Ah, y la gente. Siempre hay gente alrededor de Tiger, y ese día no fue la excepción. Así que cuando golpeó con su hierro la pelota tuvo que superar a la gente, los árboles y una falsa pendiente frente al green.

Se quedó a siete metros y medio del hoyo.

Por supuesto, drenó el putt, sacando su rugido de tigre.

Si Augusta todavía no estaba atenta en este torneo, en ese momento lo estuvo. Los brazos que agitan el mundo del golf estaban a la cabeza del Masters.

Luego cedió un bogey en el 17, lo cual lo dejó solo a un paso de los tres que estaban liderando en aquel momento: Justin Harding, Adam Scott y Jon Rahm. Sin embargo, la tarde traería una ráfaga de birdies, con Brooks Koepka y Bryson DeChambeau marcando el ritmo 6 bajo par y regresando a Tiger a cuatro impactos de los líderes, hasta caer al número 11.

Desde 2010 Tiger Woods no había estado en una posición tan sólida en Augusta después de la primera ronda. Hace dos años parecía imposible. Pero ahora no.

Y, finalmente, ocurrió el milagro. Tiger se volvió a calzar la americana verde después de tanto vivido y una lesión por la que estuvo a punto de tirar la toalla.