La esquiadora estadounidense Mikaela Shiffrin volvió a lo más alto del podio olímpico tras una actuación impecable en la prueba de eslalon durante los Juegos de Invierno, dejando atrás una larga sequía sin medallas doradas en esta competencia.
En un escenario imponente rodeado por las montañas de los Dolomitas, la atleta completó dos descensos prácticamente perfectos que le aseguraron una victoria contundente, reafirmando su condición como una de las máximas figuras en la historia del esquí alpino. La emoción fue evidente al cruzar la meta, donde fue recibida por la suiza Camille Rast, quien obtuvo la plata, y la sueca Anna Swenn Larsson, ganadora del bronce.
Visiblemente conmovida, Shiffrin celebró levantando los brazos y posteriormente se fundió en un abrazo con su madre, recordando también a su padre, fallecido en 2020, cuya ausencia ha marcado profundamente su vida personal y deportiva. La estadounidense confesó que alcanzar nuevamente este logro representó una mezcla de ilusión, temor y aceptación, tras el duro proceso emocional que enfrentó en los últimos años.
Con este triunfo, la esquiadora de 30 años se convirtió en la primera representante de su país en conseguir tres medallas de oro olímpicas en pruebas alpinas, además de firmar una de las victorias más amplias registradas en esta disciplina. Este logro también representa una especie de círculo completo en su carrera, ya que fue en el eslalon donde se dio a conocer mundialmente al ganar su primer oro en los Juegos de Sochi 2014 cuando aún era adolescente.
Después de aquel éxito, sumó otro oro y una plata en PyeongChang 2018, pero sufrió una gran decepción en Beijing 2022, donde no logró subir al podio. Su regreso al máximo nivel no fue sencillo, ya que también enfrentó caídas, lesiones y un proceso de recuperación mental.
Este nuevo oro se suma a su impresionante trayectoria en la Copa del Mundo, donde acumula 108 victorias, consolidándose como la esquiadora más exitosa en la historia de ese circuito. Tras recibir la medalla, Shiffrin no pudo ocultar su incredulidad y emoción, contemplando el metal dorado como símbolo de perseverancia y superación tras años de desafíos dentro y fuera de las pistas.
