Más de una década después de aquel emotivo descenso en Austria, cuando Sarah Schleper cargó en brazos a su pequeño hijo tras su última carrera con el equipo de Estados Unidos, madre e hijo vuelven a compartir un capítulo inolvidable, ahora como integrantes de la delegación mexicana en los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026.
Schleper disputa sus séptimos Juegos Olímpicos —los terceros representando a México— y, junto a Lasse Gaxiola, se convierte en la primera madre e hijo que compiten en una misma edición invernal, de acuerdo con registros históricos olímpicos. A sus 46 años, y a punto de cumplir 47 el 19 de febrero, la esquiadora vive una experiencia que describe como “una historia de fantasía”.
Aunque competirán en sedes distintas —ella en Cortina d’Ampezzo y él en Bormio, separadas por unas cuatro horas de trayecto—, la intención es acompañarse en la medida de lo posible. Sarah participará en el super-G y en el eslalon gigante, mientras que Lasse verá acción en el gigante y el eslalon. La logística no será sencilla, pero el objetivo familiar es claro: estar presentes el uno para el otro.
Federico Gaxiola, esposo de Sarah, forma parte esencial de esta aventura, ya que funge como entrenador de Lasse. Para Schleper, el verdadero triunfo no está únicamente en los resultados, sino en compartir la pista olímpica con su hijo. “El éxito es simplemente que ambos estemos aquí”, ha señalado, tras haber sido además abanderada de México en la ceremonia inaugural.
Lasse, quien cumplió 18 años recientemente, apenas recuerda aquel día de 2011 cuando su madre lo llevó en brazos por la pista. Sin embargo, entiende la dimensión de lo que ahora están viviendo juntos. “Este ya es un evento increíble, pero venir aquí con mi mamá lo hace aún más especial”, expresó el joven esquiador.
La historia de Sarah con México comenzó tras su retiro del equipo estadounidense. Decidió tramitar la nacionalidad mexicana, país de origen de su esposo, para continuar compitiendo. No logró completar el proceso a tiempo para Sochi 2014, siendo esa la única cita olímpica que se ha perdido desde su debut en Nagano 1998. Su mejor resultado fue un décimo lugar en el eslalon de Turín 2006.
El esquí siempre ha sido parte esencial de su vida, y esa pasión la heredó Lasse, cuyo nombre rinde homenaje al campeón noruego Lasse Kjus. Desde muy pequeño estuvo en contacto con la nieve y creció rodeado de entrenadores experimentados. Recientemente logró un tercer lugar en un evento FIS en Colorado, resultado que le dio impulso rumbo a la justa olímpica.
Schleper, por su parte, no viajó a Italia solo con un papel simbólico. En la última temporada consiguió resultados destacados en competencias FIS y asegura que aún mantiene un alto nivel competitivo, aunque reconoce la dificultad de medirse ante figuras como Mikaela Shiffrin.
Mientras Sarah cuenta con la asesoría del experimentado Hubertus Von Hohenlohe, Lasse tiene a su padre como guía directo. Madre e hijo comparten la pasión por el esquí, aunque con estilos distintos. “Ella es mucho más paciente que yo”, reconoce el joven, quien no duda en señalar que su madre es la base de su formación deportiva.
En Milán-Cortina 2026 no solo compiten por marcas y posiciones. También escriben una página inédita para el olimpismo y para el deporte mexicano, demostrando que el legado familiar puede trascender generaciones y fronteras.
