«Si no les pagas a las mujeres lo mismo que a los hombres, no tienes nada que hacer en el estado de Nueva York», sentenció el alcalde Bill de Blasio poco antes de recibir a la selección femenina de fútbol de Estados Unidos con un desfile que celebró su título mundial en medio de vítores de la multitud que reclamaba igualdad salarial para las campeonas.

La admiración y el orgullo desbordaba en los rostros de todos los fanáticos que se agolparon en el tramo de la avenida Broadway conocido como Canyon of Heroes. Para ellos, y para el resto del país, las jugadoras son precisamente eso, heroínas, ídolos, símbolo de un futuro posible sin etiquetas, sin limitaciones, con igualdad de oportunidades y reconocimientos, con libertad de ser; una inspiración para todas las niñas (y niños) que sueñan con lo que hasta hace muy poco parecía imposible.