Ciudad de México – Los prolongados brazos de Mohamed Bamba asemejan dos anacondas. De sus 2.38 metros de envergadura no existen precedentes en la NBA y es su físico el veneno con el que espera hacer de Orlando Magic un equipo de miedo.

Mo fue elegido en la sexta ronda del Draft 2018 a sus 20 pese a solo haber disputado una temporada con Texas Longhorns en NCAA, misma en la que fue incluido dentro del mejor quinteto de la Big 12 Conference.

En gran medida, gracias a su inteligente manera de aprovechar esa complexión de 2.16 metros de altura, además de su envergadura, que es la longitud de punta a punta de los brazos extendidos.

“Absolutamente (es su envergadura su mejor arma), medidas como las que tengo realmente cambian la geometría del juego. Todas las fintas de tiro y el pase largo me hace más eficiente que la mayoría lo haría”, dice el oriundo de Nueva York, de visita en CDMX para promocionar los juegos de NBA en México.

A Estados Unidos llegaron sus padres como inmigrantes desde Costa de Marfil con la esperanza de un mejor porvenir. Pero no les fue nada sencillo adaptarse a una nueva vida lejos de un país como el suyo, con tan arraigadas costumbres.

“Muy diferente, no la tuvieron fácil. Yo espero tener la oportunidad de volver a Costa de Marfil y Mali para algún momento del próximo año. Algo que tiene en común con México es la cultura, el orgullo, ese sentimiento de orgullo que también tenemos en Costa de Marfil y Mali y la gente de México está orgullosa de ser mexicana”, afirma Bamba, quien creció en el Harlem, un barrio en Manhattan con aproximadamente el 72% de población afroamericana.

“Eso fue increíble no prefería haber crecido en otro lugar del mundo, pues me hace ser quien soy como basquetbolista y como persona”.

Pero a pesar de que por sus venas corre sangre marfileña, Mo no tiene idea de quién es Didier Drogba, quien fuera delantero del Chelsea hace unos años y posiblemente el mejor futbolista en la historia de los Elefantes Blancos.

“Lo único que sé de él es que es muy famoso como futbolista”, dice Mo con una sonrisa simple, que contrasta con la que esboza al recordar el momento en que el Magic lo seleccionó. “Eso fue padre, yo estaba muy sorprendido y muy, muy emocionado de ir a Orlando y ponerme a trabajar”.

Precisamente trabajar fue lo que lo catapultó de manera precoz a la NBA. Ha sabido exprimir al máximo sus cualidades físicas al grado de superar la velocidad en un tramo de ¾ de cancha al registro de Russell Westbrook (3.08 segundos) y James Harden (3.13) con un escandaloso 3.04.

“Eso es algo que tengo naturalmente (velocidad), tomé algo que tenía naturalmente y trabajé en ello. Se convirtió en una habilidad y una herramienta”, analiza Mo, quien entrenó este verano junto a Joel Embiid, el camerunés de 76ers.

“Me dijo que el ritmo era muy diferente y realmente lo creí. Al principio 10 o 6 segundos eran gran diferencia pero después de que jugamos en el verano vi que era por mucho el caso”.

Bamba disputará su primera temporada en la NBA con la mente puesta en crear un imperio, mismo que espera extender hasta el Salón de la Fama.

“Creo que será una gran temporada para nosotros siempre y cuando estemos en el mismo canal, siempre y cuando mantengamos la química en el vestidor y en la duela. Me gustaría ser recordado como un hall of famer y hay mucho trabajo que hacer. Es uno de los mejores quipos para jugar y trabajo para ir al Salón de la Fama”, sentencia.