Ciudad de México – La tarde de este martes, México vivió una de sus más grandes vergüenzas deportivas con la cancelación del partido NFL en el Estadio Azteca entre Kansas Citry Chiefs y Los Angeles Ramsdebido al pésimo césped, pero lamentablemente esta clase de ridículos no son nuevos para nuestro país.

La misma NFL tuvo que lidiar con la reprobable actitud de algunos aficionados en 2016, cuando Oakland Raiders y Houston Texans jugaron el primer partido de temporada regular en nuestro país desde 2005. Un rayo láser en el rostro del entonces mariscal de campo de los Texanos, Brock Osweiller, y el grito de “puto” en las patadas de salida dieron la nota en Estados Unidos.

Tal vez el más grande ridículo en el que fanáticos mexicanos se vieron involucrados sucedió el 12 de mayo del 2004, en el partido entre América y Sao Caetano en la Copa Libertadores. Primero, jugadores y cuerpos técnicos intercambiaron golpes; después los pseudoaficionados de las Águilas invadieron la cancha para intentar agredir a los brasileños y hasta una carretilla voló desde la tribuna.

Pero las vergüenzas mexicanas no se limitan a territorio nacional y para muestra están las Copas del Mundo de la FIFA. El Mundial de Francia 1998 tuvo uno de sus más sonados escándalos cuando un aficionado azteca ebrio orinó sobre La Flama Eterna ubicada en el Arco del Triunfo, apagándola por primera vez en 75 años.

Cuatro años después, en Corea-Japón 2002, un mexicano accionó la palanca de emergencia del tren bala japonés, deteniendo su marcha por completo cuando viajaban a una velocidad superior a los 250 kilómetros por hora. ¿Por qué lo hizo? Porque le pareció gracioso.

En Sudáfrica 2010, un sombrero de charro en la estatua de Nelson Mandela fue catalogado de “insulto nacional” y cuatro años más tarde, en Brasil 2014, el hijo de un funcionario chiapaneco se lanzó –en estado de ebriedad- desde el piso 15 del crucero donde viajaba, en el que perdió la vida.