A un año de perder a sus padres en un accidente aéreo, el patinador artístico estadounidense Maxim Naumov debutó en los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina con una presentación cargada de emoción y significado, honrando el sueño que compartía con ellos desde la infancia.
Evgenia Shishkova y Vadim Naumov, campeones mundiales en la modalidad de parejas, fallecieron el 29 de enero de 2025 en el choque del vuelo 5342 de American Airlines con un helicóptero militar, cuando la aeronave se aproximaba al aeropuerto Ronald Reagan de Washington. El avión cayó en el río Potomac y dejó 67 víctimas mortales, entre ellas más de dos decenas de integrantes de la comunidad del patinaje artístico.
Maxim, de 24 años, recordó que una de las últimas conversaciones que tuvo con sus padres giró en torno a lo que necesitaba para llegar a unos Juegos Olímpicos. “Me han inspirado desde el primer día que pisamos el hielo juntos”, expresó. En el área de “kiss-and-cry” llevó consigo una fotografía de su infancia, donde aparece entre ambos en su primera experiencia sobre el hielo.
Su programa corto estuvo acompañado por el “Nocturno No. 20” de Frédéric Chopin y se convirtió en uno de los momentos más conmovedores de la jornada. Ejecutó un cuádruple salchow, un triple axel y un triple lutz combinado con triple toe loop, logrando una de las mejores actuaciones de su carrera. Al finalizar, se arrodilló sobre la pista y miró al cielo en un gesto dedicado a sus padres.
Con una puntuación de 85.65, Naumov aseguró su lugar en el programa libre, que se disputará el viernes, manteniendo viva la posibilidad de seguir compitiendo en la justa olímpica.
El patinador también recordó lo difícil que fueron los primeros días tras la tragedia, cuando incluso levantarse de la cama parecía imposible. Sin embargo, encontró en el hielo un propósito: cumplir el sueño olímpico que compartía con su familia. Tras finalizar tercero en el campeonato nacional de Estados Unidos en enero, prácticamente selló su clasificación.
El vuelo en el que viajaban sus padres también transportaba a jóvenes patinadores y entrenadores que regresaban de un campamento de desarrollo en Wichita, Kansas. La pérdida sacudió profundamente a la comunidad del patinaje, incluida la escuela “Los Campeones del Mañana”, fundada por sus padres y que hoy Naumov supervisa.
Durante su presentación en Milán, decenas de banderas estadounidenses ondearon en las gradas. El ambiente, relató, fue electrizante. “Desde que anunciaron mi nombre en el calentamiento sentí la energía de la multitud. Es como un zumbido”, describió.
Más allá de la competencia, su participación simboliza resiliencia y memoria. En la pista olímpica, Maxim Naumov no solo compitió por una calificación, sino por honrar el legado de quienes lo formaron dentro y fuera del hielo.
