La prensa española comenta la actuación de Joselito Adame de ayer en la plaza de Las Ventas de Madrid, donde el mexicano tuvo una de sus tardes más grises, que además se saldó con un deficiente manejo de la espada que provocó mal sabor de boca entre el público, según se desprende de las siguientes y variadas opiniones que se resumen a continuación:

Agencia EFE (Javier López): 

El primero de Joselito Adame fue otro tren de mercancías. Alto, larguísimo, zancudo y con dos velas también de aúpa. Pero todo lo que tuvo de fachada le faltó de fondo, pues adoleció de un mínimo de fortaleza, algo que corroboró en la muleta, moviéndose al paso, muy soso, la cara natural y viniéndose muy abajo. Con semejante material, el trasteo fue de lo más banal. No hubo nada reseñable por mucho que se obcecó el mexicano. El cuarto, menos basto que el anterior, sin embargo, tampoco anduvo sobrado de fuerzas. Embestía con las manos, costándole una barbaridad tomar la muleta del hidrocálido, que, toreando desde Manuel Becerra (o muy despegado para los que desconozcan el callejero de Madrid), lo pasó sin decir absolutamente nada. Por si fuera poco, con la espada estuvo francamente mal toda la tarde.

ABC (Andrés Amorós):

Joselito Adame es, ahora, el diestro mexicano con más experiencia, en América y Europa, que ha llegado a competir, en su país, con las máximas figuras españolas. Su profesionalidad brilla con un toro encastado, no con el blando. Recibe al primero, muy en el tipo Juan Pedro Domecq, manejando el capote con soltura. Pronto, el toro flaquea y queda corto. Se luce Fernando Sánchez, con su habitual majeza, dejándose ver y clavando los palos en lo alto… En la muleta, el toro se para por completo. No hay nada que hacer, salvo matarlo bien, y lo mata muy mal. Nada entre dos platos. En el cuarto, quita por gaoneras «al tragantón», estilo José Tomás: colocándose de antemano con el capote a la espalda y haciendo la estatua, encogiendo el estómago, en cada lance. También la hace en los iniciales estatuarios, dejando pasar al toro, sin conducir su embestida. (Corrochano hablaba del «pase del guardabarreas»). El toro queda cortito y flaquea. Los paisanos animan, flameando banderas y gritando vivas a México. Con oficio, Adame logra algunos muletazos limpios, entre otros, enganchados. El bondadoso toro permite que la faena se prolonga hasta impacientar al personal. Vuelve a matar tarde y mal.

El Mundo (Zabala de la Serna):

José Miguel Arroyo «Joselito» debutaba en San Isidro. Y se presentó con un toro de El Tajo que escondía sus 601 kilos en una anatomía casi equina. Su huesuda, elevada, larga y agalgada talla no aparentaba tanto pesaje. La poderosa movilidad presentida por su corrido cuerpo se ausentó; el verbo humillar tampoco se daba. Y en la muleta se juntó todo más el viento de los terrenos de los medios escogidos sin tino: no pasaba el toro. Que fue asaetado malamente por el desconfiado mexicano. Dentro del sindiós de hechuras de los toros titulares y los sobreros, el cuarto se antojaba el mejor hecho. Y también su condición se hacía otra. Pero no encontraba el poderío para desarrollarla con la fluidez que merecía. Y embestía saltarín por sus faltas en la muleta de Adame. Que pretendió el clasicismo y fue un sopor tironero. Hasta que lo despenó a últimas en otra carnicería.

Aplausos (Javier Arroyo):

La corrida de José Miguel Arroyo «Joselito», cuarta de feria, arrancó con un alto colorado de mucha zancada y longitud. Se abrió en las telas de Joselito Adame. Empujó con un solo pitón antes del quite de Román. En la muleta pasó sin transmisión, Adame cambió varias veces de terrenos sin sentirse a gusto. El toro, zorrón, probó y el mexicano dudo en demasía. Sin pena ni gloria se inauguró la tarde. No estuvo fino con la espada. Bien hechurado (sic) fue el cuarto del hierro de El Tajo. Fue un toro noblote que movió con oficio Adame de salida. Destacó la limpieza de Miguel Martín y la espectacularidad de Fernando Sánchez. En el inicio de la muleta, Adame se dio cuenta de que la calidad no estaba acompañada por el poder. Trató de administrarlo en tandas cortas aun así el toro fue perdiendo fuelle y recorrido. Terminó defendiéndose. Lo pinchó dos veces antes de un bajonazo.

La Razón (Patricia Navarro):

No porfió Joselito Adame, que transparentó las dificultades del toro y lo pasaportó con la espada rozando lo indecente. Se fue largo con el cuarto, que tenía el ímpetu justo y de la falta de fuerza protestaba en el último tramo del viaje. Por uno y otro pitón insistió el mexicano. De ahí al lucimiento hubo un mundo. Y la espada a la negritud de los bajos.

El País (Antonio Lorca):

Joselito Adame no tuvo su día. Venía sin discurso preparado y se le vio muy triste. La improvisación no es lo suyo. Y colorín, colorado…