Samara, Rusia – Enfrentar a Brasil con plantel mermado significó gran parte de la perdición de la Selección Mexicana, que más allá de la alineación titular que significaba un cambio quemado con Rafael Márquez, se vio obligado a parchar y enmendar demasiado sobre el camino.

La eliminación de esta tarde en la acostumbrada instancia de Octavos se gestó desde meses atrás, cuando Néstor Araujo y Diego Reyes se cayeron de la convocatoria por lesión, esta vez catastróficas porque Héctor Moreno estaba suspendido.

A pesar de que Carlos Salcedo y Hugo Ayala cumplieron, México no tuvo fondo para hacerle frente al poderío brasileño. Prueba de ello fue que la contención fue ocupada por tres jugadores y de que antes de la hora de partido el Tri ya había quemado sus tres cambios, aun cuando el intenso calor obligaba a pensar en dosificar por la posibilidad de jugar tiempos extras.

Sin embargo, no fue así, hasta ese minuto 59 por el ombligo del esquema de Juan Carlos Osorio ya habían pasado Rafael Márquez, Édson Álvarez y Jonathan dos Santos, además de que en la lateral derecha, posición para marcar a Neymar, estuvieron Álvarez y Miguel Layún, cuando este último claramente no tiene como máxima fortaleza la de marcar.

Este último movimiento en buena medida reflejó el respeto por Neymar, porque Álvarez estaba amonestado.

El colombiano alineó a Márquez consciente de que implicaba un cambio gastado. A diferencia de él, Tite se dio el lujo de aguantar sus modificaciones y hacer las tres hasta los últimos diez minutos de partido.

Ello reflejó la solidez con la que llegó Brasil a estos Octavos, solo con Douglas Costa descartado pero pleno de recursos, a diferencia del Tri, que por cuestiones tácticas, una amarilla, el miedo a Neymar y la falta de recursos, modificó demasiado sobre la marcha, sin una columna vertebral sólida, en el momento más inoportuno del cuatrienio mundialista.