Redacción
En el Centro Gallo de Alto Rendimiento el mensaje es claro: el foco está en el trabajo. A poco más de un mes de su llegada a Querétaro, Esteban González Herrera, director técnico de Gallos Blancos, transmite la serenidad de quien entiende que los procesos deportivos no se aceleran desde la urgencia, sino que se sostienen desde la convicción.
Campeón en su primera experiencia como entrenador principal en Primera División de Chile, González aterrizó en la Liga MX con un reto mayor: formar un equipo en plena transición, competir desde el inicio y, al mismo tiempo, sembrar una identidad que trascienda los resultados inmediatos.
Querétaro, una ciudad que acompaña el proyecto
La adaptación ha sido intensa. Partidos, viajes, entrenamientos y poco margen para el descanso. Aun así, el balance personal es positivo.
“Estamos contentos. Ha sido un inicio muy intenso, pero ya empezamos a disfrutar lo que es el torneo, la competencia”, señala el técnico chileno. A esa estabilidad se suma un factor determinante: su familia ya está instalada en la ciudad.
“Para que uno esté bien, tiene que estar con la familia. Yo estuve dos años y medio solo en Coquimbo, a 900 kilómetros de ellos. Cuando llega mi familia acá, ya no necesito nada más para rendir”, confiesa.
Hoy, sus hijas ya asisten a la escuela y Querétaro se ha convertido en un entorno de calma para sostener la exigencia del alto rendimiento.
Un club en crecimiento que seduce
Más allá del nombre o la categoría, lo que convenció a González fue el proyecto institucional.
“Me gustó mucho la organización del club. Hay respeto, hay orden, hay crecimiento. Cambiaron el gimnasio, se trabaja fuerte en musculación, el plantel ya nos estaba siguiendo. Hay mucho por crecer y eso es lo que más me seduce: crecer juntos”, explica.
La similitud con proyectos que ya había vivido —Deportes Concepción y Coquimbo Unido— fue determinante. Equipos con identidad provincial, aficiones apasionadas y estructuras en desarrollo.
Resultados, contexto y proceso
El arranque del torneo ha sido exigente. Tres partidos en poco tiempo, viajes, altura, plantel en formación. Aun así, Gallos ha dejado sensaciones que no pasan desapercibidas.
“Yo no coloco excusas. El fútbol es multifactorial, pero me quedo con los comportamientos que trabajamos y que se están viendo en la cancha”, afirma.
González valora la actitud, el esfuerzo y la capacidad del equipo para reaccionar cuando va abajo en el marcador, algo que la afición ha reconocido.
“La tranquilidad que tengo es que el equipo genera situaciones claras. Para convertir, hay que llegar muchas veces. Eso lo estamos haciendo”, sostiene.
La exigencia, aclara, es coherente con el trabajo diario: “No le pido al jugador algo que no hayamos entrenado”.
Irreverencia bien entendida
Si hay un concepto que define su propuesta es la irreverencia. No la arrogancia, sino la convicción de competir sin complejos.
“No me gusta esa diferencia de ‘equipo grande’ y ‘equipo chico’. Once contra once tenemos las mismas herramientas. En Coquimbo fuimos campeones porque no le tuvimos respeto a nadie”, explica.
Ese mensaje ya se transmite al plantel: defender cuando toca, atacar con decisión cuando se puede y entender los momentos del partido.
Fuerzas básicas y una identidad que permea
El proyecto no se limita al primer equipo. González sigue de cerca a las fuerzas básicas, particularmente a la Sub-21, donde ya se percibe una misma idea de juego.
“Más allá de la edad o del nombre, el jugador que cumpla con lo que pedimos. Cualquiera puede ganarse un lugar”, afirma.
