Redacción
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En su calendario personal, a partir de un plan concienzudo y con la mira fija en obtener la gloria, 12 de febrero quedó marcado como el día de su viaje a Inglaterra, y el 18 como el de su primera vez como Campeón del Mundo.
Mauricio Lara un Bronco desbocado
Porque lo de Bronco, para Mauricio Lara, un tipo citadino siempre echado para adelante no es solo de dientes para afuera, sino más bien una arenga motivadora para que los sonidos cobren ese tono tangible valedero de triunfos sonantes.
Otra vez, lejos del terruño, pues como retador había que cumplir con las condiciones del dueño del título, el boxeador azteca, en modo guerrero, se plantó, tal vez con todo en contra, en la Arena Nottingham, para repartirle candela a un siempre vociferante Leigh Wood.
Y el hoy exmonarca, un tipo, que es cierto, mostró gallardía, corazón y hasta aguante, también lo es que se topó con un Bronco desbocado desde que la campana alertó para la batalla.
La estrategia del campeón
Lara, siempre aclimatado al guion de ir por todas, castigó en el primero y segundo asalto; bajó decibeles, pero para el séptimo lanzó la dinamita necesaria para dar cuenta de su rival con una poderosa izquierda a la mandíbula. Y en entrevista con mediotiempo, desde el Reino Unido, desmenuza acerca de su reyerta.
“Las peleas son diferentes, se me pudo dificultar desde el principio, a la mitad o al final de la pelea; teníamos algo en mente, lo lastimamos el primero y segundo round, él fue para atrás trabajando su jab, se nos dificultó un poco, porque es un poco largo de las manos, la verdad.
Ya después del quinto mi esquina me dijo que empezara a arriesgar, a metérmele, y gracias a Dios se dio el nocaut, y puedo asegurarles que hay Campeón para rato”.
