Redacciòn
LeBron James ya sabe lo que es jugar con partido con la camiseta de los 76ers. El alero ha disputado su primer amistoso de pretemporada con su nuevo equipo en la derrota por 114-108 en Brooklyn, en la que ha empezado a dar algunas señales de cómo puede ser su adaptación en un ecosistema tan cargado de talento como el que se ha encontrado en Philadelphia. Un talento que, al menos en esta toma de contacto, ha querido nutrir sacando sus habilidades como playmaker.
Es evidente que proyectar cómo va a ser una temporada en base a los primeros minutos de la preparación puede ser un ejercicio fútil, pero el arranque de James fue el de un jugador que quiere integrarse en el sistema y alimentarlo más que imponer sus condiciones. Pasar fue siempre su principal prioridad, y lo hizo con toda la gama de recursos que ha demostrado durante su carrera. Pases a los cortes, en transición, skip passes a los tiradores… Y al ritmo de su batuta, el ataque visitante se fue activando.
James terminó con 5 asistencias en los 18 minutos que disputó, todos ellos en la primera mitad, pero la cifra no termina de hacerle justicia. La estadística no recoge aquellas acciones en las que uno de sus pases fue el que generó la ventaja pero no supuso la asistencia final, en las que el compañero que recibía era objeto de falta y anotaba en el tiro libre, en las que un compañero fallaba un lanzamiento liberado. Casi siempre que el balón pasaba por él, era para soltarlo. Y normalmente, mejorando la jugada.
A cambio, no se vio ni mucho menos su versión más agresiva a nivel anotador. El Barclays Center murmuraba de emoción cada vez que se acercaba al aro, deseoso de vivir la primera canasta del Rey con su nueva corte, pero LeBron solo les regaló una no especialmente vistosa en una semitransición, en la que llegó su único tiro de campo de todo el encuentro. El resto de puntos llegaron desde el tiro libre, desde donde, con su 8/8, llegó a los 10 tantos.
Una cifra que ya se encargará de superar cuando lleguen las noches importantes.
Una experiencia diferente
Y es que el de Akron tiene muy claro que este es solo el primero de muchos pasos. En sus declaraciones, reconoció que el cambio de aires hizo de este un duelo particular, así como que todavía tiene que acostumbrarse a compartir pista con sus nuevos compañeros. Y para ello, necesita seguir acumulando experiencias como esta.
«Ha sido diferente. Ya lo es el mero hecho de vestir una nueva camiseta, pero al final el baloncesto sigue siendo baloncesto. Me alegra haber podido tener algunos minutos con mis nuevos compañeros después de haber pasado las últimas dos semanas enfrentándonos en los entrenamientos. Estamos tratando de complementarnos lo mejor que podamos, pero va a llevarnos un tiempo. Lo de hoy es una buena muestra para ir construyendo».
