La dirigencia del sindicato de peloteros de las Grandes Ligas dejó clara su postura frente a la propuesta de instaurar un tope salarial: resistirán el tiempo que sea necesario. Las negociaciones laborales avanzan en un ambiente de tensión creciente, con la posibilidad de un cierre patronal que incluso podría afectar la próxima temporada.
El director ejecutivo interino de la asociación de jugadores, Bruce Meyer, aseguró que el gremio no cederá ante una medida que considera perjudicial para los deportistas y destacó la fortaleza histórica del sindicato dentro del deporte profesional estadounidense.
La oficina de Grandes Ligas presentó recientemente una iniciativa que contempla establecer un límite salarial, mientras se aproxima el vencimiento del actual convenio colectivo, programado para el 1 de diciembre. Ante este escenario, la liga parece contemplar la posibilidad de implementar un cierre patronal.
Meyer sostuvo que los beisbolistas han logrado conservar un modelo sin tope salarial gracias a la unidad del sindicato, diferenciándose de otras ligas profesionales de Estados Unidos donde sí existen mecanismos similares.
Desde 1972, el béisbol profesional ha atravesado nueve conflictos laborales. El más reciente ocurrió en 2022, cuando un cierre patronal de 99 días provocó ajustes en el calendario. Sin embargo, la última ocasión en que se cancelaron encuentros de temporada regular fue durante la prolongada huelga de 1994-95, precisamente en medio de una disputa por un esquema de tope salarial.
A diferencia de MLB, ligas como la NFL, la NBA y la NHL operan desde hace años bajo sistemas de control salarial.
Hasta ahora, las partes no han fijado una nueva reunión de negociación. En contraparte a la propuesta de la liga, el sindicato planteó ampliar beneficios como la agencia libre, los derechos de arbitraje salarial, elevar considerablemente el salario mínimo y aumentar el esquema de reparto de ingresos.
El modelo impulsado por MLB contempla fijar para 2027 un techo de gasto de 245.3 millones de dólares por franquicia, cálculo que incluiría prestaciones y fondos adicionales vinculados a bonificaciones previas al arbitraje.
La propuesta también incorpora un piso salarial de 171.2 millones de dólares, obligando a ciertos equipos a incrementar su inversión en nómina. Como referencia, los Dodgers de Los Ángeles iniciaron la actual campaña con un gasto cercano a los 415 millones de dólares, cifra muy superior al límite planteado.
Desde la oficina de las Grandes Ligas, el portavoz Glen Caplin defendió la iniciativa al señalar que un sistema de tope y piso salarial permitiría equilibrar la competencia entre equipos y repartir los ingresos del negocio bajo un esquema similar al de otras ligas profesionales, asegurando además que los jugadores recibirían mayores ingresos desde la entrada en vigor del nuevo modelo.
