Redacción
Luego de viajar más lejos de lo que ningún ser humano antes en la historia, una de las partes más arriesgadas de la misión Artemis II aún se completó: el regreso a la Tierra.
A las 8:07 pm (hora del este de EE.UU.), la cápsula Orión realizó su amerizaje en el océano Pacífico, frente a las costas de San Diego, tal como estaba programado por la NASA.
La agencia espacial estadounidense dijo que había sido un amerizaje “de manual”.
En la transmisión en directo, se pudo escuchar a un locutor decir que los cuatro astronautas están “en excelente condición”.
“Todos están en excelente forma”, señaló.
El descenso
En su último día completo en el espacio, la tripulación estuvo preparándose para su regreso a la Tierra repasando los procedimientos de reentrada y amerizaje, además de probarse las prendas de compresión, que pueden ayudar a prevenir los mareos provocados por el regreso a la gravedad terrestre.
El módulo de tripulación y el módulo de servicio se separaron unos 20 minutos antes de que Orión alcanzara las capas superiores de la atmósfera terrestre. La cápsula tripulada giró para que su escudo térmico absorbiera el impacto de las intensas temperaturas y mantuviera a salvo a los astronautas en su interior.
La nave debía ingresar con un ángulo muy preciso. El doctor Chris James, profesor titular del Centro de Hipersónica de la Universidad de Queensland, en Australia, explicó antes del amerizaje que existía un margen de error, pero es muy reducido: más o menos un grado.
“Cuando alcancen la interfaz de entrada, van a querer asegurarse de que las condiciones sean exactamente las previstas”, señaló James.
La interfaz de entrada es el punto en el que una nave espacial pasa del espacio a las capas superiores de la atmósfera de un planeta.
“Si ingresan a demasiada altura y la nave produce algo de sustentación aerodinámica, podría rebotar y escapar nuevamente de la atmósfera. De ahí la necesidad de una precisión extrema”, apuntó el experto.
