La pista italiana fue el escenario de una actuación memorable para el patinaje mexicano, donde el tapatío ofreció una rutina cargada de emoción, técnica y entrega en su segunda aparición en una final olímpica.
Con seguridad y determinación, el patinador ejecutó un programa que incluyó complejos saltos triples y cuádruples, provocando el reconocimiento inmediato del público presente. Al concluir, su expresión de alegría y el gesto de besar el hielo reflejaron la satisfacción de haber cumplido uno de los momentos más importantes de su trayectoria.
Su actuación le permitió alcanzar el lugar 22 de la clasificación, igualando su mejor resultado en unos Juegos Olímpicos de Invierno y reafirmando su crecimiento dentro de esta disciplina. Los jueces le otorgaron 143.50 puntos en el programa libre, para un total de 219.06, números que respaldaron el nivel mostrado durante la competencia.
Más allá de la posición final, su presentación volvió a colocar a México en el mapa del patinaje artístico internacional y consolidó su figura como uno de los máximos exponentes latinoamericanos en este deporte.
El apoyo de los aficionados mexicanos presentes se hizo sentir durante toda la rutina, creando un ambiente especial que acompañó cada uno de sus movimientos.
Tras finalizar su participación, el atleta compartió su emoción y destacó el significado personal del momento, señalando que disfrutó cada instante y que el respaldo de su familia, presente en el evento, fue fundamental. También aseguró que su preparación continúa y que seguirá trabajando para representar a su país en futuras competencias.
